17 de mayo, día mundial de la Hipertensión Arterial

Hoy se celebra el día mundial de la hipertensión arterial, enfermedad que cerca de un tercio de la población adulta padece, y principal causa de consulta a los servicios médicos de atención primaria.
La hipertensión es una enfermedad asintomática y fácil de detectar; sin embargo, cursa con complicaciones graves y letales si no se trata a tiempo; además es el factor de riesgo modificable más importante para desarrollar enfermedades cardiovasculares.

Según datos de la Sociedad Española de Hipertensión (SEH), hasta un 40% de los mayores de 18 años padece hipertensión arterial, un problema que puede ocasionar distintas afecciones oculares, que se engloban en la denominada Retinopatía hipertensiva.

¿Qué es la Retinopatía Hipertensiva?

Es la degeneración de la retina debida a un conjunto de alteraciones a causa de la hipertensión arterial. La retina se ve alterada por lesiones que son consecuencia de la hipertensión, aunque otros factores, como la arteriosclerosis o la edad avanzada, influyen en el desarrollo de la retinopatía hipertensiva. Aunque su nombre indica sólo la participación de la retina, se observa también cambios tanto en la coroides y el nervio óptico, en función de la cronicidad y severidad de la enfermedad.

El examen del fondo de ojo en los pacientes hipertensivos es fundamental, ya que los cambios que se aprecian en la retina permiten estimar la gravedad de los cambios producidos en otros órganos a consecuencia de la hipertensión y establecer de este modo un pronóstico de la enfermedad.

19530

¿Qué síntomas produce la retinopatía hipertensiva?

Retinopatía hipertensiva crónica. La mayor parte de las personas con este tipo de problema permanecen sin síntomas durante mucho tiempo, y suelen

ser diagnosticadas gracias a los exámenes de fondo de ojo que se realizan como control de la hipertensión arterial. Aquí se puede apreciar disminución del grosor de los vasos y cruces arterio-venosos patológicos. Además, este tipo de hipertensión aumenta el riesgo de que se produzcan oclusiones vasculares, pudiendo afectar a la visión. En los pacientes con hipertensión de larga evolución o severa, puede aparecer visión borrosa o disminución de la agudeza visual y en algunos casos puede existir una pérdida significativa de la visión, sobre todo en aquellos casos asociados a otras patologías, como diabetes o arteriosclerosis.

Retinopatía hipertensiva aguda. Este tipo de retinopatía ocurre sobre todo en pacientes con hipertensión asociada a enfermedades como eclampsia o preeclampsia, feocromocitoma, etc. En estos casos la visión puede afectarse de manera más importante. Se presenta en situaciones en las que el aumento de la presión arterial es brusco. Se caracteriza por presentar visión borrosa, que suele ser transitoria y se normaliza al restablecerse los valores normales de presión, pudiendo estar acompañada de dolor de cabeza. En el fondo de ojo se observa una disminución generalizada del calibre de los vasos. En los casos más graves se pueden apreciar hemorragias, exudados y edema de papila.

¿A qué se debe la pérdida de visión en la retinopatía hipertensiva?

En la retina hay multitud de vasos sanguíneos que recorren toda su superficie, cuando la tensión arterial se eleva produce cambios en ellos: aumentan su permeabilidad, ocasionando la salida de líquidos y plasma hacia la retina, pudiendo desembocar en edema retiniano; y sufren una importante contracción, disminuyendo el flujo sanguíneo hacia algunas regiones de la retina que quedan dañadas por la falta de riego sanguíneo. También pueden producirse hemorragias debidas al daño sufrido.
En los casos más graves, puede afectarse también la coroides (capa que rodea a la retina), dando lugar a coroidopatía hipertensiva. Cuando la enfermedad está muy avanzada acaba afectando también al nervio óptico, produciéndose papiledema por la acumulación de líquido en el tramo inicial del nervio óptico (llamado papila óptica). Ambos son signos avanzados de hipertensión y pueden acompañarse de alteraciones significativas de la visión.

Factores de riesgo de la retinopatía hipertensiva

  • Mal control de la presión arterial crónicamente elevada.
  • Diabetes mellitus.
  • Consumo de tabaco.
  • Embarazo.
  • Niveles altos de colesterol y triglicéridos.
  • Ser mayor de 50 años.
  • Diversos factores genéticos.

¿Cómo se diagnostica la retino

patía hipertensiva?

El principal método para diagnosticar la enfermedad es mediante el estudio del fondo de ojo, que consiste en el análisis de la retina y sus vasos por medio de un oftalmoscopio. Es una prueba sencilla e indolora que se realiza en pocos minutos. Además, hoy en día es posible filmar o fotografiar el fondo de ojo y conservar una imagen para compararla con otras futuras para seguir la evolución del paciente. Esto se realiza con un retinógrafo y con un sistema de telemedicina, en nuestros centros, realizamos la prueba y un oftlamólogo especializado nos remite un informe.

La angiografía con fluoresceína permite el registro de la imagen del fondo de ojo tras la inyección de un contraste que se distribuye a través de la circulación sanguínea. Esta técnica puede resultar de utilidad para valorar la gravedad de la enfermedad, sobre todo en aquellos casos en que existen patologías asociadas como la retinopatía diabética.

Tratamiento

No existe un tratamiento específico para la retinopatía hipertensiva. El tratamiento consiste en controlar adecuadamente la presión arterial. Por este motivo, además de seguir unos hábitos de vida saludables (control de peso, disminución de la sal en las comidas, ejercicio físico moderado y regular…) y la administración de fármacos antihipertensivos, es importantísimo medir regularmente la tensión arterial, con el fin de diagnosticar la hipertensión arterial y seguir el tratamiento adecuado. Manteniendo los niveles de tensión arterial dentro de los límites normales podremos evitar el daño que la hipertensión arterial produce en los distintos órganos y en nuestros ojos.